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Argentina sacrifica sus niños al dios del FMI
El 14 de noviembre, Roberto Lavagna, ministro de Economía de Argentina, le informó al Banco Mundial que su gobierno no pagaría la deuda de 803 millones de dólares que vencía ese día. Pero esa noticia palideció ante otra que trascendió casi al mismo tiempo, de que, en Tucumán, cinco niños murieron de hambre ¡en uno de los principales países productores de alimentos del mundo!
En los días siguientes, salieron a relucir informes de otras partes de Argentina donde han muerto centenares de niños de enfermedades causadas por la desnutrición, y en las primera plana de los periódicos nacionales y regionales empezaron a salir fotos de niños emaciados, como los que uno ve en tantos lugares de África azotados por la hambruna. Los políticos empezaron a echarse la culpa los unos a los otros. Duhalde insinuó que la culpa era del gobierno provincial de Tucumán. Insistía: ``No creo que le falte alimento a ningún chico en la Argentina''.
El hedor a hipocrecía de toda esta golpeadera de pecho es abrumador. El gobierno de Duhalde lleva 10 meses negociando sobre cuánto tiene derecho a saquear el FMI para cobrar una deuda {impagable} de 220 mil millones de dólares.
Ya Lyndon LaRouche, el aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata de los Estados Unidos, había advertido que las políticas fondomonetaristas conducirían al infanticidio. En un discurso que pronunció ante la Asociación Comercial de São Paulo, Brasil el 13 de junio de este año, dijo: ``¿Por qué esos locos del Fondo Monetario Internacional están enviando a estos enterradores a la Argentina?'' ``¿Por qué hacen eso? Para mantener el principio de que cualquier deuda que se deba a los bancos de Nueva York se pagará, pase lo que pase, ¡aun si tienen que vender a los bebés argentinos para hacerlos hamburgesas!''
¿Realmente creían los funcionarios del gobierno que el país {no} se cubriría de cadáveres de recien nacidos y niños a resultas de las medidas librecambistas que estrangularon el flujo de fondos cruciales a las provincias, y diezmaron la economía física? ¿Pensaron que no tendría ninguna consecuencia recortar los niveles de vida, subir el desempleo a 25%, y acabar con los servicios médicos y de salud que alguna vez fueron los mejores de Iberoamérica? ¿Es posible que les sorprendiera ver las fotografías en las primeras
planas de los diarios, con imágenes más típicas del África negra que de la tierra de las vastas y fértiles pampas y de los aparentemente inacabables suministros de trigo y ganado?
Lo de Tucumán no es un hecho aislado; la escena horripilante de niños muríendose de hambre se repite en todas y cada una de las 23 provincias de Argentina. La pregunta ahora es, ¿cuántos más serán sacrificados al dios del FMI?
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